La detección precoz de los casos de violencia de género en manos del personal médico.

Sólo el 19 por ciento de los hospitales disponen de un protocolo de actuación




Así opina la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), que considera, además, que sistematizar la actuación de los facultativos es clave para que su labor sea eficaz y se puedan minimizar los riesgos y mejorar el bienestar y la salud de las víctimas. Lo ha difundido a través del boletín Médicos y Pacientes.



La detección precoz de un caso de violencia machista está en manos de las personas profesionales de la salud y de aquellas que trabajan en un centro de salud y de las personas que desarrollan su labor en un servicio de urgencias hospitalarias.



Sin embargo, la realidad apunta que el 50,3 por ciento carece de un registro específico de casos y sólo un 19 por ciento cuenta con protocolo propio de actuación adaptado a la estructura y situación de cada servicio de urgencias, con el circuito que la víctima debe seguir y la intervención que el profesional sanitario correspondiente debe ejecutar. Estos datos proceden de un estudio en el que han participado 161 hospitales españoles.

Protocolo específico de actuación



Las conclusiones se presentan en el XVI Congreso de WONCA Europa que, organizado por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), se celebra estos días en Málaga con el lema "Medicina de Familia del futuro: mezclando salud y culturas". La reunión se celebra de forma conjunta con el Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina de Familia y Comunitaria (SAMFyC).



La doctora Susana Sánchez ha coordinado esta investigación que arroja un retrato de lo escasamente dotados que están aún los servicios de urgencias de nuestros hospitales a la hora de detectar y manejar la violencia machista. “El objetivo era analizar las guías y protocolos de que se valen los centros del sistema público. Es importante ver hasta qué punto están instaurados y adaptados dichos protocolos porque, junto con las campañas de formación, son esenciales para mejorar la implicación de los profesionales en la asistencia de este problema de gran impacto sociosanitario”.



Sistematizar la actuación de los facultativos es clave para que su labor sea eficaz y se puedan minimizar los riesgos y mejorar el bienestar y la salud de las víctimas. Sin embargo, hoy por hoy la situación es bastante mejorable. Por ejemplo, según dicho estudio, sólo el 45 por ciento de los hospitales cuenta con una persona responsable de programa de actuación para casos de violencia de género. En la mitad de los casos esa labor la asume un médico adjunto y en una cuarta parte dicho cargo es responsabilidad de la persona coordinadora del servicio de urgencias.



Que sólo el 19 por ciento de los hospitales dispongan de un protocolo de actuación, “es un porcentaje bajo. Existe el protocolo del Consejo Interterritorial y en ocasiones el de la Comunidad Autónoma correspondiente, pero éstos deberían estar adaptados a la situación y estructura particular de cada servicio de urgencias”, aclara esta experta. “A esto hay que añadir que la mitad, al no contar con un registro específico, puede ver alterada la media de casos”, señala.



El 86 por ciento de los hospitales no tienen ningún protocolo de detección precoz



Descubrir el problema de forma temprana no sólo es aconsejable desde la consulta del médico de familia. El 22 por ciento de los hospitales cuenta con un comité específico y el 14 por ciento con una persona gestora de casos, sobre todo en hospitales de la Comunidad de Madrid y Cataluña.



Estas comisiones están compuestas en más de la mitad de los casos por personal médico y de enfermería y trabajador o trabajadora social. En un 28 por ciento de los casos están integradas sólo por personal médico. Estos comités deben reunirse de manera periódica para analizar las actuaciones llevadas a cabo, facilitar la coordinación interprofesional necesaria en el abordaje de este problema y agilizar la gestión de los casos. La figura de la persona gestora es una profesional encargada de coordinar la atención integral de la víctima de la violencia.



“El objetivo es ofrecer atención a las necesidades de la paciente desde el inicio hasta la finalización de la atención hospitalaria, coordinando los servicios que deben atenderla y garantizando la confidencialidad, la seguridad y la correcta derivación de la víctima a otros centros si fuera necesario”, explica la doctora Sánchez.



En general, menos de la mitad de los hospitales ofrecen formación continuada. Según esta experta, la carencia es aún mayor en los hospitales más pequeños, “probablemente por condiciones geográficas y por la menor accesibilidad a los recursos docentes. No obstante, conviene destacar que en los últimos años se aprecia un esfuerzo de las Comunidades Autónomas por mejorar los conocimientos y habilidades de los profesionales en esta materia”. Un estudio con tan alta participación ha sido posible gracias al esfuerzo realizado por todos los centros a la hora de facilitar la información demandada.



Signos de alarma

La mujer que sufre malos tratos pasa por el centro de salud al menos diez veces al año. La hiperfrecuentación (a partir de las 10 visitas) a la consulta puede ser un signo de aviso en las personas que padecen violencia en el hogar. Así se desprende de otro estudio, también español, en el que han participado 125 mujeres.



Esta investigación se ha realizado en el Centro de Salud Raval Sud de Barcelona y se ha centrado en la necesidad de corregir el retraso en el diagnóstico de este tipo de situaciones.



La doctora Belén Benito, una de las autoras, admite que “normalmente, nos dedicamos a problemas más orgánicos y no se nos pasa por la cabeza que esa persona pueda estar pasando por una situación así. A esto se añade que nadie suele confesar que está viviendo un drama de esta clase”.



Aunque no existen signos específicos que alerten del problema, la doctora Benito asegura que la paciente, en cierto modo, va dejando “pistas”. Existen señales que hay que saber ver a partir de determinadas conductas.




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Fuente: Ameco Press

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