Si sabes, enseña. Si no sabes, aprende. Es el lema del programa "Yo, sí puedo".

El programa de alfabetización ‘Yo sí puedo’, elaborado en Cuba, enseña a personas de todo el mundo a leer y escribir. En Sevilla una primera promoción de 51 alumnos ha adquirido estas habilidades gracias a la iniciativa.



Muchas veces pensamos que el analfabetismo es una lacra de los llamados países empobrecidos, pero muy al contrario, es un problema que también afecta a un buen número de territorios ricos. El Estado español no es una excepción.


Con una bolsa de analfabetos de cerca de un millón de personas, pocas iniciativas se ponen en marcha para alfabetizar a este colectivo.

"Un pueblo que no sabe leer ni escribir, es un pueblo fácil de engañar". Son palabras de Ernesto Che Guevara y es la idea sobre la que se asienta el programa cubano de alfabetización para Sevilla “Yo, sí puedo”.


El objetivo de la iniciativa es erradicar el analfabetismo, que en la capital andaluza afecta a cerca de 35.000 personas.

Rosa era una de ellas y es también una de las 51 alumnas que se “graduaron” este pasado mes de julio y que gracias a la iniciativa, que desarrolla en la localidad la Fundación De Sevilla, han aprendido a leer y a escribir. “Ahora puedo leerle cuentos a mis nietos e, incluso, lanzarme a escribir poesía”, explica. “Yo, sí puedo” es un nove

doso método de aprendizaje que combina números y letras y que ha permitido que 3,5 millones de personas en todo el mundo hayan aprendido a leer y escribir.


A través de 65 videoclases, el alumnado además de a leer y escribir, aprende a ser capaz de comprender y contribuir a la transformación del contexto en el que vive, impulsando su implicación en la sociedad. “El sistema de videoclases permite al participante elegir de forma flexible el horario y el lugar donde quiere ser alfabetizado, ya que sólo es necesario un televisor y un dvd para desarrollar la clase”, explican los responsables de la iniciativa.


Las sesiones están dirigidas por un facilitador o facilitadora, que es una persona que, de forma voluntaria, afianza los conocimientos que los alumnos reciben de las vídeo-clases y realiza el seguimiento de cada uno de ellos.


Así, el programa promueve la implicación y la participación de la comunidad en los barrios en los que se lleva a cabo el programa, ya que la flexibilidad del método permite que se puedan crear puntos de alfabetización en asociaciones, entidades vecinales, colegios o sedes de organizaciones. Avanzando en otros barrios


Una vez finalizada este primer curso piloto, el programa cubano de alfabetización “Yo, sí puedo” para la ciudad de Sevilla comenzará a mediados de este mes de septiembre la fase de generalización del programa, con el objetivo de seguir avanzando en la alfabetización de todos los barrios de la ciudad.Además, se irán abriendo puntos de alfabetización de forma progresiva y formando a los facilitadores que colaboran en el programa con el objetivo de que en Sevilla no quede nadie sin saber leer y escribir.

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Solidaridad desinteresada

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La guerra que en la República Democrática del Congo se lleva a cabo contra las mujeres...


Jeanne Mukuninwa

Cuando conocimos a Jeanne le acababan de practicar la quinta operación para tratar de reconstruirle el sistema reproductor que los soldados le destruyeron con sus bayonetas después de violarla. Toda una demostración de la duración de los efectos, no sólo psicológicos sino también físicos, de la guerra que en la República Democrática del Congo se lleva a cabo contra las mujeres, con el telón de fondo de la lucha por recursos naturales como el coltán.

El pasado mes de julio la sometieron a una nueva intervención: la sexta. Según explica, no con poca desazón, aún le quedan dos pasos por el quirófano más: en octubre y en marzo.
"Llevo cuatro años de operaciones. Los médicos del hospital Panzi me dicen que la de marzo será la última, aunque no están del todo seguros", afirma. "Unas intervenciones se centran en la vagina y otras en el útero. Espero que el sufrimiento pueda terminar pronto".

El año pasado, Jeanne se dedicaba a vender golosinas, galletas y cigarrillos en la vía pública, si bien la mayor parte de la ayuda para subsistir la recibe del hospital Panzi. Ahora centra sus días en tejer guantes de lana que también ofrece en las calles y que la gente usa para lavarse. Dice que le gusta tejer, que la ayuda a no pensar, a relajarse, en especial después de las operaciones, cuando el dolor le impide caminar.

También se ha cambiado de casa. Antes compartía una habitación con otras mujeres. Su actual vivienda, que alquila, está en una zona un poco más apartada de la calle principal de Panzi, más tranquila. Se trata de una chabola de ladrillos de adobe y techo de zinc, que también comparte con otras mujeres. Jane se muestra contenta por el cambio.

Otra de las transformaciones recientes en su vida es que ha comenzado a ir a la escuela, desde cero, porque no sabe leer ni escribir. Se la ve entusiasmada con sus cuadernos y libros. Un universo nuevo por descubrir. Sólo lamenta que las intervenciones quirúrgicas la obliguen a faltar a clase de forma regular.

Con respecto al futuro, no se hace preguntas. Dice que prefiere no pensar qué ha sido de su familia desde que un equipo de MSF la recogió tras haber sido violada en la región de Shabunda, hace cuatro años, y la trajo a Bukavu.
"No sé cómo están. No tengo noticias. No sé si siguen vivos a no. Quizás, cuando esté recuperada físicamente y cuando se acabe la guerra, vuelva a buscarlos a Shabunda.
Ahora, estoy sola. Mi familia son mis vecinas y los médicos del hospital Panzi".
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Vendrá el futuro a verte cualquiera de estos días,

Y tendrás en las manos lo que nunca tuvimos:

Las esperanza de un mundo con los mares azules,

Sin fieros huracanes o desbordados ríos.

No habrá hombres que mueran sin panes ni milagros.

Y en la pared de enfrente leerás que hay escrito

Un saludo de paz, un buenos días, un pájaro

Con las alas abiertas para volar sin tino.

Las guerras y las hambres van a quedar proscritas.

Declarara el gobierno que queda prohibido,

Por ejemplo, decir la palabra extranjero,

Frontera, territorio, pasaporte o enemigo.

Y será obligatorio escribir poesías,

Y la palabra amor, como si fuera vino,

Tendremos que beberla suave y gozosamente

Con cada trozo de pan partido y compartido.

Vendrá el presente a verte con hambre de futuro,

Ese futuro incierto que algún día intuimos

Y que tu harás cercano, mas humano y abierto,

Mas real, mas igual y mas justo y mas limpio.

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Eres una chica y te tomas una cerveza en un hotel de Malasia....

Te pueden azotar según las leyes del país.

Es el caso de la joven de 32 años Kartika Sari Dewi Shukarno, que ha sido condenada el pasado 20 de julio por el Tribunal Superior de la Ley Islámica a recibir seis golpes de vara por haber consumido alcohol. Amnistía Internacional lanza una ciberacción para pedir a las autoridades malasias que suspendan la flagelación impuesta a Kartika Sari Dewi Shukarno, y que aprovechen esta oportunidad para abolir éste y cualquier otro castigo corporal incluido en su legislación.


Según el departamento de prisiones del país, más de 35.000 personas han sido sometidas a esta forma de castigo desde la reforma de la Ley de Inmigración, en 2002, que establece penas de hasta seis azotes con vara y cinco años de prisión a los extranjeros y extranjeras que se encuentren ilegalmente en Malasia, actualmente el país del sureste asiàtico que más inmigrantes laborales recibe.


Desde entonces, 47.914 personas inmigrantes han sido condenadas.

La flagelación se emplea como pena complementaria en el caso de al menos 40 delitos, sobre todo para trabajadores y trabajadoras que han sido declarados culpables de entrar ilegalmente en el país. Según Amnistía Internacional, también están expuestos al castigo trabajadores legalizados sin pasaporte, solicitantes de asilo o personas refugiadas. Además, cualquier persona que emplee a más de cinco trabajadores indocumentados también pueden ser condenadas a ser azotadas y a cumplir hasta cinco años de prisión.


Ciberactúa para poner fin a la flagelación en Malasia
Casi 50.000 personas han sido condenadas a castigos corporales desde que la ley de Inmigración, aprobada en el 2002, impuso la flagelación para las personas indocumentadas. Amnistía Internacional pide su reforma inmediata.

Fuente:
http://www.canalsolidario.org/
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