LOS VIERNES, POESIA

Cuervos
Mientras siete caballos golpean mi vientre
alguien me grita que es lo que debe ser.
Hoy tú te has maquillado los ojos,
los labios y yo desfallecería besándolos.
La tarde anterior me buscó el pánico y,
agarrándome de la mano,
me susurró al oído: "preso".
Nunca barrotes tan frágiles ahogaron tanto,
¿cuándo el aire produjo asfixia?
¡Estás tan hermosa esta noche detrás de la barra!
¡es tan cruel mi ilusión de no ser!
Y, sin embargo, ser no tiene vuelta de hoja.
Sólo una oportunidad y veinte cigarrillos mientras
te desmaquillas los ojos, los labios,
ya cansada de esperarme tras el vaso.
¿Cuándo han de morir los cuervos?
.
.
Cuando muere alguien como Nicolás Valencia, a los amigos se nos vacían un poco las calles del pueblo.
En la Fuentehonda sopla un viento helado que anhela su presencia y por la calle Madrid ya no se va a ninguna parte.
Y su madre enfila el camino del cementerio, pero allí tampoco está. Si acaso, nos sorprende algunas veces su aliento caliente en la nuca al doblar una esquina o su abrazo tan deseado bajo la marquesina del bus.
Por ahí sigue Nicolás, entre nuestros recuerdos y sus palabras, y no queremos que se nos vaya...
Andrés Mencía

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